AS.- El canto sale por supuesto por la boca. Se emite, dirían muchos, por la garganta. Pero en realidad, nace del corazón. La tribuna está en pie. Completa. Más de 40 mil personas saltan. Son uno mismo. Y entonan: “Dale, dale, dale Rebaño”. Con fuerza. Con orgullo. Con angustia también. Porque se juegan los últimos instantes.

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Dice el marcador: 1-1. Dice el reglamento: el 2-2 global frente a Toluca le da el pase a Chivas. Por eso, cuando árbitro pita el final, esas 40 mil voces que son una sola olvidan el canto para simplemente gritar. Felicidad en estado puro. Orgullo en la piel. El Rebaño Sagrado está de vuelta en una final, 10 años, cinco meses y 11 días después de su último título.

No es fácil escribir en el libro de la historia. Es cierto. Pero también es verdad que la grandeza del Club Deportivo Guadalajara es a prueba de sequías. Por eso, la tribuna está llena. No sólo de aficionados. Está repleta de ilusión por volver a ver al cuadro rojiblanco en una final, después de largos 10 años.

Cualquiera diría que Toluca es el que tiene más necesidad, por el 1-1 de la ida. Pero Chivas carga un peso más grande encima: está obligado por su historia. Y así, con esa responsabilidad a cuestas, “ignora” la ligera ventaja que tiene por el gol de visitante. Asume el protagonismo del encuentro.

Un intento tras otro. Jesús Sánchez de lejos, cruzado, al ‘3. Disparo potente de Alan Pulido que Alfredo Talavera rebota y cuando Rodolfo Pizarro se perfila para empujar, Rodrigo Salinas barre milagrosamente para sacar a tiro de esquina, al ‘5. Y un minuto más tarde, el propio Pizarro pone a prueba la seguridad de manos de Talavera.

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