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“Calienta huevos”, “semillera”, exagerada.  paranoica, “busca papeles”, insegura y otros adjetivos peores he leído en los últimos días dedicados a Arely Cortés, la estudiante mexicana que denunció acoso en el centro de Brownsville.

El gran pecado de la joven, alumna de bachillerato fue denunciar primero en redes sociales y luego en lafronteradice.com lo que le ocurrió el 21 de julio cuando un junior Del Valle De Texas la abordó, persiguió, y toco por el centro de Brownsville al grado que la hizo sentir amenazada.

Al testimonio de Arely le siguieron el de otras 11 más, muchas de ellas hispanas, que de compras o visita en la vecina ciudad fueron abordadas por quien hoy sabemos se llama Sebastián Foncerrada.

Más allá de cómo sucedieron los hechos, lo que me llama la atención y es motivo de esta columna, es la forma en como hombres y también mujeres se ponen a juzgar a la víctima, a descalificarla, a incluso acusarla de querer “conseguir papeles”.

Y ojo, disto mucho de ser una feminazi, solo no logró comprender porque como sociedad no podemos ponernos en los zapatos de alguien que su momento, y como lo describió Arely, tuvo miedo por su integridad y su vida.

Incluso de la familia de Sebastián entiendo, pero no justifico, el que salieran a la defensa del joven, por ejemplo, Adrian Foncerrada su padre, un emprendedor exitoso, del Valle de Texas, que  lo calificó de inexperto, y justificó el que Sebastián siguiera a la muchacha  “porque le gusto”.

Sin embargo, parece que Adrian y a tantos otros que han comentado, juzgado y sentenciado a Arely se les olvida algo muy esencial: no es no, en español  o ingles, en cualquier idioma, aquí en China o en Brownsville. Si ella dijo no, Sebastian tenía que haber entendido.

Mientras a nivel mundial hay un movimiento para empoderar a la mujer y dejar que su voz, cuando dice no y sobre todo cuando dice NO, sea escuchada, parece que aquí en la frontera nos vamos quedando rezagados.

Por ejemplo, en la Ciudad de México hoy rebautizada como el adefesio CDMX., se legisló para que un piropo, si un piropo,  ya no perseguirla o enseñarle fotos semidesnudo, sea una falta administrativa si la mujer no se sintió cómoda al momento de recibirlo.

Para algunos puede parecer una exageración el que una mujer rechace ese tipo de “galanteo”, que a mis ojos es un acoso llanero,  pero hay que entender que es una logro para muchas mujeres que a través de muchos años, han luchado por su derecho a ser respetadas y que en la calle cualquier hijo de vecina -o de los dueños del Hueso del Fraile- se abstenga de faltarles el respeto por el solo hecho de que “le gustaron”.

Lo ocurrido en el centro de Brownsville convoca al debate por supuesto, y lafronteradice.com le da la bienvenida a todas la voces, incluso a las que nos descalifican por abordar temas tan complejos, somos ante todo un  medio de comunicación serio que radica su fuerza en contenidos de calidad no en likes reales o comprados, por eso convocamos a hacer conciencia en los temas que nos importan y el acoso a las mujeres es uno de ellos.

Lo qué le paso a Arely le pudo haber pasado a cualquiera, en Brownsville, en Matamoros o cualquier lugar del mundo, e igual lo estaríamos consignando, que cada quien agarre el bando que le convenga, en el que más se acomode, pero luego no nos extrañe que la violencia contra la mujer siga, que los feminicidios parezcan no tener fin, porque cuando una abusada se atreve a levantar la voz, no dudas en erigirnos como jueces para victimizarla dos veces.

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