marianacornejoburbuja

 

… Y con voz altanera y sábelo todo me dijo: «se dice con permiso, no sólo se atraviese que yo estaba platicando con mi amigo, ¿esa es la educación que les está enseñando a sus hijos?…
Le dije buen día, le saludé a usted y luego a él, le contesté; pero para él no fue suficiente.
Todo esto sucedió frente a los niños.

Queridos lectores, cuantas veces les pasa que les cuestionan su manera de educar a sus hijos, ponen en tela de juicio cada decisión que toman, el comportamiento de los niños y el propio, todo esto con la misma cara de cinismo y mal educación que los caracteriza, ah!

Pero como ellos son los perfectos y nosotras las juzgadas, creen que no tenemos derecho a réplica.

Pero es que ¿con qué cara vienen a criticar nuestra forma de educar?

Primero, no hay una escuela que instruya sobre el tema de la maternidad, de ahí partimos, entre las vivencias que utilizamos de experiencia, los ejemplos de familias cercanas a nosotros y las decisiones que para nosotros son correctas o no pero que aún así hacemos, esa es nuestra manera de educar, algunas con más tiempo y forma que otras, pero así lo hacemos. Vivimos constantemente con la frustración, desesperadas de saber si lo hacemos bien o mal, si nuestras crías han absorbido todo lo que les decimos y aconsejamos, en ocasiones con las miles de cuestiones y diferencias que nos hace el marido a la hora de educar, ese estira y afloja de que él si acepta y mama no.
¡Pff! Esas ganas inmensas de tirar la toalla ¿verdad?; escuchamos las palabras tan hirientes de gente que no conoce nuestro camino, nuestra historia y la de nuestra familia, personas que se sienten con el derecho y autoridad de juzgar, de querer ridiculizar y exponernos frente a los hijos, sintiéndose «Don Perfecto ó Doña Perfecta», no se puede, es ahí entonces donde nos entra la valentía y el coraje de seguir adelante dando lo mejor de nosotras, valiéndonos de lo vivido, lo conocido y la inquietud de lo que podemos llegar a hacer.

Es verdad, la actitud y forma de ser de nuestros hijos es el reflejo de la educación que les damos, pero tampoco define y asegura que sea todo lo que les inculcamos día a día, recordemos que cada hijo es diferente, tienen su forma de aprender y de digerir las enseñanzas, nadie puede afirmar que es todo lo que tiene para dar.
Además, exponiendo nuestros «errores» no los hace precisamente las mejores personas, los «Señores Educación andando», al contrario deja ver muchos de sus complejos, falta de respeto, tacto y tan fuera de lugar sus opiniones y comentarios; hay una frase llena de tanta razón en cada palabra: «los elogios se dicen en público y los errores en privado».

Y justamente es lo que hacemos y debemos hacer como madres, porque exponer los errores de nuestros hijos en público nos convierte en eso que tanto criticamos y nos causa malestar.

Tú que lees esta columna y alguna vez haz criticado a alguna mamá por su forma de instruir a sus hijos; tengas hijos o no, si tu intención es buena, el querer contribuir y mejorar la educación de los pequeños de alguien, se te pide seas prudente, que formules con cautela tus consejos, tus opiniones, que si bien no te las han pedido, por lo menos que no sean crueles o dolorosos, pues no sabes la historia de su maternidad, no sabes la situación por la que esté pasando esa mamita con sus hijos.

Lo malo no es querer corregir, es hacerlo con arrogancia, desprecio y burla.

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