A su arribo a Matamoros, habitantes de Monterrey y zona conurbada demostraron experiencia para armar sus campamentos a la orilla de la playa Costa Azul.

En camionetas tipo Van, Pick Up y taxis con placas de Nuevo León, los regíos llegaron jubilosos a su encuentro con el mar.
«En la camioneta venimos 14 entre hijos, nueras y nietos pero gracias a Dios ya aquí, nos vamos a quedar hasta el domingo por eso cargamos con los colchones», dice la señora María Domínguez, procedente de Guadalupe, Nuevo León.

Tan pronto y arribaron al balneario, custodiado por unos 400 agentes de seguridad, los visitantes se ubicaron en el área de estacionamiento para empezar a armar casas de campaña y tejabanes improvisados con sábanas y lonas de plástico.El paso siguiente fue encender carbón en los asadores de cemento donde lo mismo pusieron a coser frijoles que elotes y sobre todo asar pollo y costillas compradas en comercios de Matamoros.

No falto en la efervescencia el que contratará los servicios de un Fara Fara que al son de «Una página más» dio la bienvenida a los paseantes, que ya con una cerveza de lata en mano se desprendían de 40 pesos por canción.
Tras un recorrido de cientos de kilómetros, los visitantes no perdieron el tiempo, se quitaron zapatos y ropaje mayor para quedar en shorts y trajes de baño y así sin importar que la temperatura no subió de los 18 grados y las fuertes rachas de viento, zambullirse en la playa de Matamoros.

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