A sus 11 años de edad, Miguel Barros ha conmocionado a Brasil luego de darse a conocer su dura historia cuando desesperado por el hambre, llamó a la línea telefónica de emergencias en el país sudamericano para pedir ayuda porque tanto él como su familia no tenían nada para comer.
“Señor policía… es porque no hay nada para comer en mi casa”, fueron las palabras de Miguel que hasta hace una semana, las alacenas de la cocina de la familia Barros estaban vacías.
Ahora los paquetes de comida no caben en los estantes, después de que el niño de 11 años y uno de ocho hermanos, llamara desesperado a la policía.
Durante tres días, su madre apenas había podido ofrecerle a él y a sus hermanos harina de maíz y agua.
El telefonista envió una unidad móvil a su casa, los agentes pensaron que podía tratarse de un caso de negligencia.
Pero al llegar a la precaria vivienda se encontraron con una historia cada vez más habitual en la mayor economía de América Latina.
«Llegó mucha comida diferente, alguna ni siquiera sé qué es», dijo sonriéndo Miguel.
Los oficiales fueron al supermercado y regresaron con una carga de alimentos, incluidas donaciones del dueño de la tienda.
La historia de Miguel se volvió viral y desde entonces, las donaciones de alimentos y dinero comenzaron a llegar desde todo Brasil y de fuera, desbordando la cocina de la familia.

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