PROCESO.-“Ahí viene un tren”, alertó una de Las Patronas al escuchar el ruido estridente de las vibraciones en los carriles de hierro. Una treintena de personas se desplazó hacia la orilla de las vías y dejó pasar a la rutilante máquina, sus ruedas oxidadas soportando los enormes vagones, marcados en Chicago que continuó su ruta hacia el norte, transportando puro cargamento inerte. Encima del tren, también conocido comoLa Bestia, no había nadie.
“A veces el tren no lleva ningún migrante, y al día siguiente está lleno, viene cuando quiere y cómo quiere”, comentó doña Norma, una de las mujeres que desde hace 20 años suelen correr hacia las vías al escuchar la silba del tren y aventar comida y agua a los migrantes sentados sobre su lomo, rumbo al sueño americano.
Precisamente para celebrar estas dos décadas de ayuda a los migrantes, convergió hoy en el pueblo veracruzano de La Patrona -especializado en el corte y la destilación de caña de azucar- una caravana heteróclita de activistas, académicos y de sacerdotes.





