Iztapalpa-30793LA JORNADA.- Cual es la costumbre, miles se alinearon a lo largo de un kilométrico recorrido prolegómeno de la escenificación principal de la Semana Santa en Iztapalapa.

La procesion, que culmina con el cuadro de la Última Cena y la posterior aprehensión de Jesús, congrega multitudes en su peregrinar por la parte central de la amplia delegación del oriente capitalino.

El actor principal Jesús, acompañado por Pedro, la Virgen María, el arcangel Gabriel; Judas y la larga lista de personajes de lo que se dice que así fue, son observados en su pesaroso caminar por el cálido asfalto que cobra caras facturas en la mayoría de los dos mil nazarenos que se registran para el desfile, sin contar con otros tantos que se unen a la caravana y hacen penitencia con los pies allagados que requieren de la inmediata intervención de familiares y voluntarios de las brigadas de la Cruz Roja y de otras agrupaciones de auxilio que se colocan a lo largo del trayecto de casi siete kilómetros.

Ya las fanfarrias advierten de la proximidad de la procesión. Su grave sonido acalla por momentos con la algarabía que se vive en la zona y que para los viejos de la comarca es signo de falta de respeto pues antes, recuerdan ya ellos menores o bien ya por relatos de sus ancestros -hay que tomar en cuenta que este año se conmemoran los 173 que tiene de escenificarse- cuando los días Santos eran absoltamente de guardar.

Hoy hay feria y venta de jarritos y hasta de licores y cervezas, pero para los oriundos de cualquiera de los ocho barrios que conforman la cabecera es motivo de orgullo ser parte viva de la Pasión como el caso de Joel Galicia, quien lleva tres de sus 26 años de edad portando la vestimenta morada de los nazarenos. Trabajador de un hospital psiquiátrico aun aspira a llegar a ser el Jesús.

Hay abundancia de elementos policíacos. Oficialmente se cita la cifra en tres mil apostados a lo largo del recorrido y es que hay temor de que algunos inconformes hagan su aparición. Hay fracturas en la organización del comite de los festejos lo que apura a Dionne Anguiano Flores, la delegada perredista, a deslindarse y advertir que la delegación colabora en cuanto a la seguridad de la representación y los miles de visitantes nacionales y extranjeros que asisten, pero nada tiene que ver con lo interno del Comite Organizador de la Semana Santa en Iztapalapa, A.C. (Cossiac).

Ya se escucha el estrépito de los motores de la escolta de motociclistas de la SSP de la Ciudad de México que abre paso al contingente que va in in crescendo conforme avanza la procesión. Se hace la parada obligada en la iglesia de la Cuevita. Los personajes entran casi en tropel al atrio de la Iglesia del Santo Sepulcro y se distiende el ánimo entre los actores que llegan a 173 en las escenas que reqieren de parlamentos.

Las nuvas tecnologías se imponen y la caravana es sometida a los discretos flashes de las selfies y ya la Dolorosa deja su rostro compungido en el que se dibuja una sonrisa leve cuando accede a una petición para la foto del recuerdo.

Verónica, la que lleva el sudario en donde quedará impregnado el rostro de Jesús es afable con todos y explica lo que es su papel. Afuera del templo se queda Lázaro, que no es el que se levantó y andó sino un borrego adornado que busca lo fresco de las sombras.

La chiquillería descubre el rasgo franciscano de los sacerdotes de la Iglesia que resguardan cinco pavaorreales, palomas, patos, un par de gansos, todos celosamente vigilados por tres perros de aspecto fiero.

Avanza nuevamente el cortejo y ahora Jesús, con su ropón blanco, va entre modernos mercaderes. Sincronizadas a 4×10; ricas aguas, hamburguesas de 2×30; alitas adobadas, baños $5.00.

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