EL COMERCIO.- Las autoridades de Filipinas han empezado a obligar a los drogadictos confesos a acudir a clases de zumba para que superen su adicción, una peculiar medida que forma parte de la guerra contra los estupefacientes i
niciada en el país.
«¡El principal objetivo es que suden todo lo posible!», exclama eufórico Roullette Folio, el monitor de la primera clase de zumba para drogodependientes que se organiza en la barriada de Mabini-J Rizal, en el distrito capitalino de Mandaluyong.
«Tiene que expulsar todas las toxinas que han dejado las drogas en su cuerpo, y para eso una clase de zumba es lo ideal», explica a Efe Folio.
A las 7 de la mañana de un caluroso domingo, unos 50 drogadictos y traficantes de la zona se mezclan en una pista de baloncesto cubierta con la veintena de señoras que hasta ahora han acudido religiosamente a la sesión de ejercicio semanal que organiza el Ayuntamiento.
Ataviados con una camiseta rosa y ropa deportiva, los drogadictos, unos rebosantes de alegría y otros con cara de pocos amigos, comienzan su recuperación al ritmo de las canciones de reguetón del momento.
«A los filipinos nos encanta la música en general, o sea que creemos que esta iniciativa es perfecta para que los adictos a las drogas hagan ejercicio, y también para entretenerles un poco», explica a Efe Jerome Peñada, uno de los consejeros del Ayuntamiento de Mabini-J Rizal.
Media docena de agentes de la Policía Nacional de Filipinas, que han acudido para asegurarse de que no se produce ningún altercado, aportan el toque de seriedad al evento, que también ha atraído a un buen número de curiosos.





