María Marina Ramírez Torales es una mujer de 69 años que pedalea por las calles de Concepción (Paraguay) para dejar contentos a sus clientes, quienes la esperan para saborear de su especialidad. Un emprendimiento que la hace feliz y con el que espera seguir por mucho más tiempo.
No hay mejor sensación que la que nos brinda el trabajo hecho por nosotros mismos, sobre todo si sale como deseamos. Aunque muchas personas consideren que hay que tener un título para disfrutar de una vida plena y ser más felices, otras saben que no siempre es así, ya que para ellas la clave está en hacer las cosas con cariño y dedicación.
A veces lo mejor para nosotros las encontramos en las cosas más sencillas, al punto de querer mantenerlas por mucho tiempo. Ese es el ejemplo que ha dado m que ha vendido empanadas gran parte de su vida.
María se levanta todos los días a las 2:00 de la madrugada para hacer su especialidad: empanadas. Desde muy temprano prepara la masa y el relleno, algunas veces lo hace en su puesto porque a la gente le encanta las que están recién hechas y calientes, pero en la mayoría de los casos sale en su bicicleta a venderlas por las calles de Concepción (Paraguay). Suele hacer 200 cada día y se preparan muy rápido.
Un humilde negocio al que se dedica desde hace 37 años, y por el que es reconocida en el lugar donde vive.
Con los años que lleva vendiendo empanadas de esta forma, sabe dónde instalarse para que sus clientes las disfruten. Generalmente se coloca en una esquina donde las personas pueden verla, las cuales son muchas y concuerdan en que las empanadas de Ña Marina (como le dicen), son las mejores de la zona y a un precio muy asequible.





