BBC.- «Andrés es mi novio, mi adoración. Tiene tremendos ojos azules. Me encanta ese hombre, machote», dice Anita, una mujer enamorada hasta los huesos.

Los cuatro primeros minutos de este documental son suficientes para derribar toda una sarta de ideas preconcebidas sobre las personas con síndrome de Down que seguramente muchos espectadores, como yo, no sabían que tenían.

«Los Niños» es la ironía bajo la cual la directora chilena Maite Alberdi en realidad presenta a un grupo de adultos. Su película es un regalo: un acceso inimaginable a la intimidad del día a día en una escuela para gente con síndrome de Down.

Alrededor de un taller laboral de gastronomía fluyen las mismas emociones que uno podría encontrar en un colegio de secundaria o en una oficina gubernamental: el hastío de la rutina, los celos, la frustración, los amoríos y el deseo sexual, la influencia de la familia, la ambición de un trabajo y un salario mejores, las ansias de independencia y los sueños de futuro, como casarse y tener hijos.

A Maite Alberdi la inspiración para hacer Los Niños le llegó de una experiencia cercana: su vida familiar con una tía con síndrome de Down.

«Cuando mi tía nació, que tiene la misma edad que los protagonistas, la expectativa de vida era de 25 años y hoy en día es de 50 o 60», le dijo a BBC Mundo.

«Mi abuela siempre estuvo muy preocupada sobre qué iba a pasar con mi tía cuando ella no estuviera».

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«A esa generación de padres le dijeron que sus hijos no iban a vivir mucho tiempo, por lo tanto no los criaron para ser independientes y la sociedad tampoco se preparó para que ellos fueran adultos», explica Alberdi.

Muchos, de hecho, vivieron más tiempo que sus padres y ahora están al cuidado de sus hermanos.

Medio siglo después, la generación de Anita, Andrés, Ricardo y Rita, los «niños» protagonistas, enfrenta a diario la frustración de seguir teniendo la misma vida que en su infancia.

«Algún día voy a tener mi casa y construir una familia«, dice Ricardo.

Pero estos protagonistas, de más de 45 años, están atrapados en una suerte de limbo del que difícilmente pueden salir.

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