Aunque a él no le vendieron el volcán Popocatépetl en 30 mil dólares como a Víctor Manuel Rabanales, el considerado mejor peleador mexicano hasta la llegada de Julio César Chávez hoy vive en la miseria y hasta vende sus cinturones para sobrevivir, luego de que a lo largo de su carrera ganó millones de pesos que despilfarró en mujeres, drogas y alcohol.

A sus 79 años cumplidos el pasado 14 de enero, se trata de un pugilista que hizo historia en el boxeo mexicano al sostener 13 peleas de campeonato y poseer una marca de 105 peleas con 89 triunfos (79 por nocaut), 13 derrotas y tres empates.

Fue el primer peleador mexicano en ser campeón en dos divisiones y primero, también y junto a Salvador Sánchez, en ser exaltado en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional, donde vuelve cada año para revivir junto a otros como Julio César Chávez unas glorias que ya quedaron en el pasado y de las que pocos, muy pocos, todavía recuerdan.

Aunque es originario de Iguala, Guerrero, todo mundo lo vio convertirse en hombre e ídolo de los buenos, de los de adeveras, en la colonia Bondojito, donde destacó por su gran clase como boxeador para debutar en 1965 y cuatro años más tarde consagrarse campeón del mundo al vencer a Lionel Rose en el Forum de Inglewood, California.

Doble campeón del mundo, protagonizó épicas batallas ante rivales como Chucho Castillo, Efrén ‘Alacrán’ Torres, Rafael Herrera, Bobby Chacón, Eusebio Pedroza, David Kotey y Alexis Argüello, entre otros, aunque de lo único que se arrepiente es “de haber ‘chupado’ mucho… gracias a Dios le paré, porque a veces pelee en deplorables condiciones”, confesó a La Jornada.

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