UNIVISIÓN.- En Brasil, donde los jóvenes suelen vivir en espacios muy reducidos con mamá, papá y otros miembros de sus familias hasta que se casan, no es fácil conseguir un poco de intimidad con una pareja. Pero esto sí es posible 190452408en los «moteles del amor». Estos son santuarios, a veces descuidados, a veces increíblemente lujosos, para aquellos que buscan sexo.

La directora artística holandesa Vera van de Sandt había oído hablar de estos moteles durante sus viajes a Brasil. Estaba intrigada por todas las formas y tamaños que tenían, y quería ver cómo lucían por dentro. En 2014, leyó que algunos de los moteles en Río de Janeiro iban a ser transformados en viejos y aburridos hoteles regulares para los Juegos Olímpicos de 2016. Antes de que todos fueran transformados, ella y el fotógrafo Jur Oster se dieron a la tarea de documentarlos.

Visitaron Río y muchas otras áreas del país en dos viajes en 2014 y 2015. Con la ayuda de los residentes locales, encontraron algunos moteles verdaderamente extravagantes que no aparecen en línea. «Se pueden encontrar moteles en todas partes, incluso en la aldea más pequeña» , dice van de Sandt. «Son fáciles de detectar, principalmente por sus nombres, que a menudo son muy sugerentes», añade. «Pensamos que eran sólo para engañar y prostituirse, pero en el camino nos enteramos que los moteles del amor satisfacen una necesidad social». Ella y Oster fingían ser pareja para entrar, y luego tomaban imágenes de la arquitectura y la decoración interior de estos edificios. Han compilado sus imágenes en una serie llamada » Love Land Stop Time«.

Hay uno que parece un casino, con brillantes luces de neón que gritan su nombre, «Capri», en la oscuridad. Otro se asemeja a un cibercafé soso y apenas se nota en medio del ajetreo de un popular distrito comercial. Desde adentro, uno de los moteles bien podría ser la casa de la abuela de alguien, con agradables cortinas de encaje y retratos de anónimos ramos de flores. Algunos tienen comodidades: tubos de pole dance, sofás de dos asientos, columpios del amor. En Salvador, uno de ellos está diseñado en un estilo que yo llamaría «glamour prehistórico» (próxima foto). Tenía paredes rocosas, cascadas y camas hundidas. Parece un lugar que Pedro y Vilma Picapiedra podrían frecuentar, siempre que necesiten reavivar su romanc

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