SIN EMBARGO.- «Nunca dejes de jugar”, se puede leer en la azotea del que era un edificio de departamentos en Dr. Olvera 15. Para llegar ahí, tienes que pasar tres pisos repletos de figuras, algunas minúsculas, otras de grandes dimensiones, todas ellas propiedad de Roberto Shimizu, un arquitecto mexicano de origen 635a2234japonés que tuvo la fortuna de crecer entre una dulcería y una papelería propiedad de sus padres, que en épocas especiales se llenaba de juguetes. Por ello, desde sus 10 años comenzó a coleccionarlos y a aumentar su acervo con piezas recuperadas de tianguis y mercados de pulgas, hasta que se convirtieron en verdaderos objetos de culto, ahora exhibidos en el Museo del Juguete Antiguo Mexicano (Mujam).

“Yo creí que esto era sólo una colección de juguetes. Cuando abrí el museo, lo hice para que mis hijos se comprometieran a cuidar lo que yo había juntado a través de tantos años y no contemplaba ni captaba la magnitud de lo que era, pero al empezar a abrir cajas y a acomodarlos en la bodega de la tienda de mis papás, vi que no estaba hablando de una colección de juguetes, sino del reflejo de la vida nacional”, dice Roberto Shimizu en entrevista con SinEmbargo.

Y así es, entrar al Mujam es viajar al México del pasado, tan polvoso y caótico como el mismo país. En el que sus luchadores con rebabas y sus cocinitas de latón, son el reflejo de una nación con las puertas cerradas al mundo. De un lugar donde las familias no podían costear una televisión y tenían que conocer a sus ídolos a través de afiches e historietas. Un país con superhéroes con “chambritas” tejidas por la abuela y réplicas de un “Arturito” que prometía llevar a los pequeños al espacio.

Roberto Shimizu, ahora de 70 años, paró de coleccionar hace un tiempo cuando se dio cuenta que la mercadotecnia convirtió los juguetes en una cuestión de consumo “apabullante”. Por ello, el acervo del Mujam va desde 1910 hasta la década de los setentas, un tramo de 60 años en el que se notan las transformaciones a socioeconómicas y políticas a nivel mundial y nacional.

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