Un grupo de civiles emerge de un vehículo blindado, con algunos enseres en la mano, un perro y un gato. Después de meses bajos las bombas en Bahamut, decidieron finalmente abandonar el epicentro de los combates en el este de Ucrania.

Al llegar a Chasiv Yar, una ciudad ucraniana también bombardeada por las fuerzas rusas, Liubov llora con su chihuahua Margot en brazos.

«Deberíamos habernos ido antes. Creíamos que todo esto no podía llegar a ocurrir», dice la mujer.

Desde el pasado verano boreal, las fuerzas rusas tratan de ocupar Bahamut, una ciudad con 70 mil habitantes antes de la guerra.

Miles de personas se quedaron allí a pesar de los sangrientos combates callejeros y los ataques constantes del ejército ruso y el grupo paramilitar Wagner.

Los rusos aseguran haber llegado al centro de la urbe y el jefe de Wagner, Yevgeni Prigozhin, afirmó controlar la alcaldía y la ciudad en un sentido legal, una reivindicación rechazada por Kiev y no confirmada por Moscú.

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