Rocko, un hombre cis homosexual, y Ganda, una persona transfemenina no binaria, han jugado fútbol toda su vida. Su pasión por el balompié no radica en la competencia, sino en disfrutar la cancha como personas “libres y completas”: un derecho que consideran restringido en el Mundial, con México como una de las tres sedes.
El fútbol masculino sigue siendo uno de los deportes más homofóbicos”, afirma Rodrigo Castillo, conocido como Rocko y jugador número 69 del equipo LGBTIQ+ Kraken.
Para él, sólo basta con observar a los equipos para comprobarlo, ya que ninguno de los jugadores de las 48 selecciones participantes -la cifra más alta en la historia del torneo- se declara abiertamente parte de la comunidad LGBTIQ+.





