PROCESO.-El miércoles 29 de abril en Lower Valley, un vecindario humilde en El Paso, Texas, alrededor de las 21:30 horas, los vecinos escuchan sirenas de unidades policiacas que llegan al barrio.

Armando Cortez, residente de la calle Jesuits, donde las unidades se han detenido, sale de su casa para investigar qué sucede. Lo primero que ve es a Érik, un chico de 22 años, mexicano, parado en la entrada de la vivienda donde este último vive con su madre.

Luego atestigua gritos y forcejeos entre el joven y dos policías. Un oficial saca un arma de descargas eléctricas y atina al pecho del joven, pero éste no reacciona al ataque. Luego escucha varias detonaciones y deja de ver a Érik. Se acerca a la vivienda del chico y lo ve tirado, ensangrentado y agonizando en la sala. Los oficiales le piden que se retire y cercan el inmueble.

Esta es la versión de Cortez, de otro par de vecinos y de la propia madre de Érik. Pero la policía de El Paso asegura que el menor amenazó con matar a los agentes y uno de ellos disparó en defensa propia.

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