La historia criminal de Mónica Adriana Urquiza Monteverde vas más allá del fraude y abuso de confianza que cometió en contra de sus clientes, sino que incluye robo de automóviles y hasta la desaparición de su esposo.

A partir de que lafronteradice.com comenzó a ventilar los negocios turbios de esta profesionista del fraude, llegan a esta redacción mas capítulos de su pasado criminal que ha sido encubierto por su padre el abogado Jesús Urquiza y su única hermana y compañera de fraudes, Gabriela Urquiza de Lua.

Desde el 2010 a la contadora delincuente se le involucro en el robo a clientes, luego de que inaugurara un negocio de paquetería en el cruce de 14 y Guerrero.

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En ese lugar recibía paquetes para enviar al interior del país, y muchos de sus envíos incluían en el contrabando de armas de fuego.

Un ex socio del negocio afirma que disolvió la relación comercial cuando supo que Mónica estaba detrás del robo de su camioneta.

Pero fue el 2013 el año en el que Mónica mostró su lado más oscuro cuando reportó la desaparición de su esposo, Gastón Jimenez, un hombre vicioso y con sueldo en la Presidencia Municipal debido a su cercanía con la entonces -y actual- jefa de Recursos Humanos, Ericka Cavazos, a quien conocía desde la infancia.

De acuerdo a la denuncia asentada por Mónica, una mañana Gastón abandono el domicilio conyugal, una vieja casona familiar propiedad del abogado Jesús Urquiza en la calle Victoria entre Siete y Ocho y salió con rumbo a ciudad Victoria para nunca más regresar, ni siquiera porque tenían un hijo, Sebastian, de apenas seis años.

A las autoridades les llamó la atención que Mónica fue la última persona que vio a Gastón y que además en el circulo familiar y de amigos trascendiera que eran muchas las peleas en el matrimonio, originados por la adicción del marido a las drogas y particularmente a la piedra, la cual gustaba de consumir en algunos montes y «piqueras» del barrio La Capilla.

Todo esto fue creando un resentimiento en Mónica hacia su marido, quien ya intoxicado la ofendía y le ponía sobrenombres como que era la Nana de Patolín, lo que causaba el enojo de la mujer, al grado que en esos tiempos se menciono, pudo haber estado tras la desaparición de su propio esposo.

Aunque públicamente Mónica se presentaba como viuda, la verdad es que el cuerpo de Gastón nunca apareció, y el titulo lo usaba solamente para causar lastimas y conseguir incautos que le eran presentados lo mismo por su hermana Gabriela, que por su comadre Zoraya Mata Vizcaíno, con quien se iba de viaje a la capital del país a hacer tramites fraudulentos.

 

 

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