En las cercanías del Puente Nuevo de Matamoros , grupos de voluntarios siguen entregando alimentos, ropa, artículos de higiene y hasta canciones a niños migrantes.

Originarios de El Salvador, Honduras, Guatemala, Cuba, Peru, Uruguay entre otros países, hombres y mujeres permanecen ya sea en el campamento junto a Puerta México o en el modulo de repatriación del Instituto Nacional de Migración.

Dentro de los dos grupos sobresalen las miradas inquietas y sonrisas espontáneas de decenas de niños que ajenos a la realidad dolorosa, se dan tiempo para correr y jugar, tratando de distraer el hambre o la incomodidad de no tener donde bañarse o dormir.

Los menores permanecen a la deriva, junto a sus padres a la espera de un asilo que no llega.

Hasta ellos llegan creyentes de varias iglesias, principalmente de Estados Unidos, que a traces de grupos como el Team Bronwsville se organizan para repartir alimentos, bebidas, ropa, insumos, pero nunca es suficiente.

Por eso, además de mal alimentados, los niños migrantes sufren calor, falta de aseo y de comodidades tan básicas como una cama: duermen en el piso sobre cartones o cobijas,  si acaso tienen suerte en una casa de campaña.

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