Cientos de centroamericanos cruzaron el lunes el río Suchiate de Guatemala a México, en una nueva prueba para la estrategia migratoria del presidente Donald Trump para mantener a los migrantes alejados de la frontera estadounidense.

Los migrantes se bajaron del puente fronterizo y se dirigieron hacia el río después de que funcionarios mexicanos les dijeron que no les permitirían el paso por el país.

Entre gritos e incluso algunos fuegos artificiales, los migrantes comenzaron a cruzar las aguas bajas del río.

Del lado mexicano, los migrantes corrieron de lado a lado en la orilla del río, levantando polvo y buscando un hueco entre las filas de los elementos de la Guardia Nacional que fueron enviados al lugar para contenerlos.

Los guardias nacionales también se movilizaron, intentando dirigirse hacia los grupos y deteniendo a personas en donde podían. Hubo empujones y algunos golpes. Los escudos de plástico de algunos guardias fueron impactados por rocas arrojadas por los migrantes y ellos ocasionalmente lanzaban una piedra de regreso. Otros trotaban para acomodarse con largos bastones. Otros más llevaban fusiles semiautomáticos.

Muchos de los migrantes retrocedieron hacia la ribera; otros pocos regresaron a Guatemala.

“Tienen dos opciones: o regresa a territorio de Guatemala o se viene con nosotros”, dijeron agentes mexicanos de inmigración a los migrantes que habían cruzado el río. Les aseguraron que regularizarían el estatus de quienes fueran con ellos, pero pocos migrantes les creyeron.

“El presidente de México nos dijo que nos iba a dar trabajo, una oportunidad, y mire”, dijo Esther Madrid, una comerciante hondureña que dejó a sus seis hijos en Honduras. Sentada sobre una roca entre decenas de migrantes que no sabían qué hacer después, pronunció sólo una palabra cuando le preguntaron si consideraría regresar a San Pedro Sula: “Jamás”.

Para después del mediodía, estaban de nuevo en punto muerto. La única diferencia era que los migrantes ahora estaban en el lado mexicano del río.

La policía antimotines con escudos también apareció del lado guatemalteco, por lo que surgió la duda de cuáles opciones seguían teniendo los migrantes.

Ocasionalmente, algunos de ellos intentaban correr entre los huecos dejados por los guardias mexicanos, pero la mayoría descansaba, esperando a ver qué sucedía después.

Daisy Pérez, una mujer de 42 años que viajaba con sus dos hijos, aprovechó una pausa en la agitación para llamar a un familiar: “Ya estamos en México, mándenos dinero”.

Una joven de 14 años fue cargada desde la orilla del río inconsciente. No era claro qué había sucedido, pero un guardia dijo que se había convulsionado.

Los migrantes quieren el paso libre a través de México para llegar a la frontera de Estados Unidos, pero el gobierno mexicano rechazó la petición.

 

EFE

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