La ciudad orgullosamente progresista de San Francisco se convirtió la semana pasada en la inesperada pionera dispuesta a emplear robots policía armados, al autorizar un uso limitado de estos dispositivos de control remoto.
La ciudad adopta así una tecnología en desarrollo cada vez más visible, aunque rara vez se emplea para enfrentarse directamente a los sospechosos.
La Junta de Supervisores de San Francisco aprobó el pasado martes 29 de noviembre, por 8 votos a favor y 3 en contra, permitir a la policía el uso de robots armados con explosivos en situaciones extremas en las que haya vidas en juego y no haya más alternativas disponibles. La autorización se emitió en medio de un creciente escrutinio sobre la policía por la militarización del equipamiento y los cuerpos policiales, y de una reflexión sobre la justicia penal iniciada hace ya varios años.
La votación respondía a una nueva ley de California que requiere que la policía haga un inventario de su equipamiento de categoría militar, como granadas aturdidoras, fusiles de asalto y vehículos blindados, y solicite autorización de las instituciones públicas para utilizarlo.
Por ahora, sólo la policía de dos ciudades californianas -San Francisco y Oakland- ha planteado de forma pública el empleo de robots como parte de ese proceso. En todo el país, la policía ha utilizado robots durante la última década para comunicarse con sospechosos atrincherados, entrar en espacios potencialmente peligrosos y, en casos raros, para emplear una fuerza letal.





