Justo en el corazón del fraccionamiento Los Presidentes hay un vecindario de abuelitos olvidados.

Se trata de la villa Vida Plena, un conjunto de casas diminutas que el gobierno local cedió a los adultos mayores desde el trienio de Baltazar Hinojosa Ochoa como alcalde de Matamoros.

Ahí, abuelitos y abuelitas viven o malviven: soportando calor, pasando hambres y lo mas doloroso: sorteando el olvido de sus familiares que se desatendieron de ellos.

A sabiendas de que esas pequeñas viviendas son lo único que tienen, los abuelitos extrañan los días en que el sacerdote Martín Guzmán Vega o el político Jesús Roberto Guerra los festejaban cada 28 de agosto, día de San Agustín y también fecha que en México se celebra a los abuelitos.

La muerte del clérigo y el que Jesús Roberto convalezca de una larga enfermedad dejaron a los abuelitos sin festejo este año.

Con valía, los abuelitos defienden su estadía en Vida Plena, y algunos han cometido el exceso de llevarse a vivir hijos y nietos consigo, aun a sabiendas de que hay reglamento municipal que lo prohibe.

Mientras algunos ancianos cuentan con pensión, la mayoría trabajan como cerillitos en centros comerciales.

Sin grandes expectativas llegaron esta semana al Día del Abuelo, sabiendo que nadie los visitará.

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