Adiós pescaíto

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EL MUNDO.- Daba el reloj las once y eran once golpes en las conciencias del millar de almerienses concentrados ante la Catedral, donde en el interior se celebraba el funeral por Gabriel. La ceremonia estaba reservada a la familia y primeras autoridades y fue retransmitida al exterior por una pantalla gigante en uno de los lados de la fachada, que revela un altar mayor presidido por la imagen del pequeño, el lazo negro de la solidaridad y una leyenda: ‘Todos somos Gabriel”.

“Mi niño ha ganado. Sabemos que está en el Cielo, jugando con sus pececitos y la bruja ya no existe. Sacadla de las cabezas. Pido a todo el mundo en nombre de Gabriel que hoy ponga Girasoles [la canción de Rozalén que le gustaba al pequeñol]. La bruja ya está donde tiene que estar”. Éstas fueron las palabras de Patricia, la madre de Gabriel, que a la salida del funeral se ha acercado al cordón donde se agolpaban las cámaras de televisión y los micrófonos de radio para agradecer la solidaridad y el apoyo que han sentido en los 12 días de angustia.

 

A su lado estaba Ángel, el padre del niño: “Gracias por llevarnos en volandas para buscar a nuestro hijo. Sois muy grandes. Gracias por el apoyo”, ha declarado el progenitor, mientras por detrás afloraba un grito: “¡Ánimo!”.

Era el mismo grito que desde el fondo de la plaza había emergido cuando por una estrecha calle lateral apareció el cortejo fúnebre: un coche blanco y otro negro abrían la marcha. En el primero, el blanco de la inocencia arrebatada al pequeño Gabriel, cuya sonrisa saludó las ventanas, los locales públicos, los coches… de la provincia de Almería en señal de auxilio; en el segundo, el negro del presente que se ha instalado en Patricia y Ángel, los padres que abrazados recorrieron el corto espacio de paso acotado a la Catedral, la imagen del dolor y el llanto, únicamente acompañados por una consigna coreada desde el público: “No estáis solos”.

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