Por Valentín Calles M.

Este viernes fue un día diferente para todos los habitantes del ejido Santa Adelaida, ya que desde la noche anterior algunos vecinos pobladores se dieron cuenta de la tragedia que comenzaba a envolverlos. Cerca de la medianoche recibieron la noticia que su guía espiritual, el lider de los grupos de danza, el párroco pero sobre todo el amigo se había marchado de este mundo a la presencia de Dios.

 En el transcurso del amanecer, con las primeras luces del alba la noticia se seguía esparciendo, dejando atónitos a cuantos escuchaban lo ocurrido la noche anterior; durante el recorrido y entrevistas realizadas durante el día, las calles del ejido estaban vacías se respiraba un ambiente de duelo, no se escuchaba ruidos de música en ningún domicilio por donde pasábamos, una tristeza infinita inundaba los hogares, ojos llorosos, semblantes desencajados, miradas tristes, corazones dolidos, algunos volteando a ver el cielo del soleado día como buscando una gran respuesta a lo ocurrido; las actividades diarias se realizaban pero el tema de conversación era lo ocurrido al padre Martín.. Varias personas nos dijeron que como él, no lo habrá nadie jamás.

 

Nos describieron al párroco José Martín Guzmán, como un gran ser humano, un ser extraordinario, muy alegre, de una gran disciplina espiritual, alguien que era franco y directo en lo que decía, sus misas originales, sus sermones muy sinceros y directos a su congregación, lo describen como un gran consejero quien los fines de semana recorría todas las demás capilllas que forman parte de su parroquia Cristo Rey de Paz para oficiar misa en cada lugar, además, se daba tiempo para visitar el Cereso y oficiar misa entre los presos. Su partida representa una gran ausencia que difícilmente podrá ser llenada.

Refieren al párroco como una persona de gran sentido humano con quien tuvieron el gusto de convivir por un espacio de once años.

 

Durante la noche del viernes la comunidad del Ejido Santa Adelaida hizo acto de presencia en la iglesia Cristo Rey de Paz, desde la entrada por la calle Madero para recibir el cuerpo del párroco, con la luz de sus celulares y formando una valla humana a todo lo largo de la calle, en la que mujeres, hombres Y niños acudieron para recibir el cuerpo de su párroco y velarlo durante toda la noche.

La carroza fúnebre fue recibida por esta gran valla humana que se informó a los dos lados de la calle Madero encabezados el cortejo fúnebre por un grupo de Matlachines que al sonar de los tambores recibían de esta manera a quien fuera su líder espiritual de danzantes, Por momentos solamente iluminados por la luz de sus celulares pero en medio de las sombras de la noche con el resplandor de las luces se podían ver caras tristes ojos derramando lágrimas por las mejillas, por la ausencia de su ser querido que se había adelantado.

A medio camino del recorrido del cortejo fúnebre por la calle Madero acude el señor Obispo al encuentro para recibirlos, acompañado de sacerdotes y demás clérigos .

La llegada del cuerpo del párroco para que fuera su iglesia fue recibido con grandes aplausos entre lágrimas y llanto de los asistentes, quienes de esta manera recibían el cuerpo de su líder espiritual para velarlo durante toda la noche.

Con la luz del nuevo amanecer terminaba la noche de velación y vigilia en la iglesia Cristo rey de paz y comenzaban a prepararse para una gran despedida justo al mediodía con las exequias correspondientes.

Las manecillas del reloj sigue su marcha hasta marcar las 12 del mediodía en punto la hora indicada para iniciar con la ceremonia especial de despedida. Desde el interior de la iglesia hasta más de una cuadra se extendía la enorme fila de feligreses que buscaban tener de cerca unos segundos frente al féretro del párroco para darle su bendición despedirse al verlo por última vez, Algunos ya no alcanzaron porque dio inicio la ceremonia de despedida oficiada por el obispo de Matamoros y acompañado de sacerdotes seminaristas, religiosas y todo el pueblo unido.

Al concluir el servicio religioso el féretro es levantado por amigos familiares para llevarlo hasta la carroza fúnebre la cual transportaría sus restos hasta su lugar de origen en la ciudad de La Piedad Michoacán.

Dicen que las despedidas siempre son tristes pero esta despedida fue algo extraordinario entre aplausos abrazos llanto vivas, hombres mujeres y niños abrazados en medio del dolor y la tristeza recorrieron La calle Madero para de esta manera despedir a quien fuera su gran amigo. El cortejo fúnebre fue encabezado por un grupo de Matlachines quienes de esta manera bailando y tocando sus instrumentos daban la despedida a su gran líder al padre José Martín. Hacen falta las palabras para poder describir todo lo ocurrido en este trayecto de despedida desde la iglesia hasta la carretera de Sendero Nacional.

Entre vivas música danza y un gran aplauso todos los asistentes forman una última valla para despedir el cuerpo de quien fuera su gran amigo que hoy se va. La carroza sale a la carretera principal y se pierde entre las miradas tristes de los habitantes del ejido Santa Adelaida, Pareciera que rebaño de ovejas ha perdido su pastor y quedan totalmente tristes llorando su partida al ver cómo se aleja la carroza que transporta el cuerpo de quien fuera no solamente su párroco sino su gran amigo el padre José Martín Guzmán Vega. Que en paz descanse.

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