532df93a4b8cd_canEnfrentados por la dirigencia nacional del PAN, Ernesto Cordero Arroyo y Gustavo Madero Muñoz llegaron a Tamaulipas a convivir con la militancia blanquiazul y pedir su apoyo para la asamblea nacional a celebrarse el próximo 18 de mayo.

El primero en llegar al estado fue el senador con licencia Ernesto Cordero Arroyo cuya gira estatal lo llevo la mañana del domingo 6 de abril a llegar muy tarde ante panistas acarreados a Reynosa donde bailo sin mucha gracia al son de la banda sinaloense y no perdió la oportunidad de desacreditar a su oponente.

Yo sí voy a salir a la calle y a los estados, no seré como Gustavo Madero que se la pasa encerrado en su oficina y cuando sale nada más es para aplaudirle al presidente Peña Nieto.

Ya encarrerado, Cordero Arroyó se desvivió en halagos a su anfitrión, el también senador Francisco Javier García Cabeza de Vaca y de quien dijo fue muy buen alcalde de Reynosa aunque omitió recordar su pasado como delincuente juvenil en Texas donde se le detuvo por robo de armas en 1986.

Tras su paso por Reynosa, Ernesto Cordero junto a García Cabeza de Vaca abordó la avioneta que lo llevo al convulsionado puerto de Tampico donde tan sólo ese domingo 14 personas fueron asesinadas por el crimen organizado.
Un día después, el lunes 7 de abril, en Matamoros su contrincante Gustavo Madero Muñoz no pudo ocultar su incomodidad ante las acusaciones de Ernesto Cordero.

Es una forma de hacer campaña que yo no comparto ya que desde el principio señale que no iba a caer en las descalificaciones, en la escalada de dimes y diretes, en la guerra sucia.

Madero Muñoz que estuvo en Matamoros bajo el cuidado de dos camiones llenos de marinos fue recibido por el diputado federal Carlos García González -que sueña dormido y despierto con ser presidente municipal de Matamoros-.
Aparentando serenidad pero con los ojos vidriosos detrás de los lentes de aumento, Gustavo Madero contesto a regañadientes a los reporteros y dijo que de ganar la asamblea del 18 de mayo no dudará en sumar al crítico contrincante Cordero a su equipo.

«Yo no soy rencoroso ni me tomo nada personal, esa misma noche yo lo beso y abrazo y le digo ponte a trabajar».

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