Habría mil maneras de explicar el ¿Por qué poner un voto en venta en época de elecciones? O ¿Por qué no decir abiertamente que no soy partidaria de un azul, de un naranja, de un amarillo, de un tricolor, de un cabeza de cualquier animal, del rey mago que nadie aprecia o de un independiente que solo gana el 2% de los simpatizantes.

p11_urna-elcolumnistaEs que es muy sencillo mirar un espectacular, tener una acalorada platica de situaciones políticas que finalmente nadie entiende o simple como poner un pegote en el parabrisas esperando que las decisiones que uno solo de los tamaulipecos tomarán en las urnas cuando la verdad es que somos solo y únicamente espectadores en un proceso que de justo y democrático no tiene la primera letra.

De un ajedrez vendido y comprado por los grandes y no tan grandes líderes de una sociedad sin valores, ética o amor por lo que hacen o representan.

Por los líderes que se han puesto el cuello blanco ante la indecencia y el crimen organizado.

Solemos votar por la persona y no por el partido, pero en especial no confió ni en a persona, ni en el partido, ni en las mentiras que dicen frente al estrado.

Son perros finos de caza corriendo tras un asustado conejo; rastreros sabuesos que quieren destrozar y contaminar más las entrañas de una sociedad de ignorantes; depredadores audaces de eslogans publicitarios y rede sociales diseñados para hacernos creer; de banderas, de trabajos temporales, de despensas, de quinientos pesos que se darán a cuentagotas por un sexenio, por tres años, por un mal trabajo, por un puesto de gobierno.

Tengo mi voto electoral en venta a quien me pague, a quien me de dinero contante y sonante, a quien me llene una cajita con maseca o aceite de marca grandiosa del supermercado, quien me dé una playera y una gorra o cualquier baratija con la que se compra al pueblo.

Tengo mi voto en venta porque si puedo ganar un centavo de este circo de marionetas ¡pues que así sea!.

 

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