marianacornejoburbuja

Han tenido alguna vez la sensación de leer la mente de alguien con solo verla a los ojos?, Me imagino que en alguna ocasión han experimentado el hecho de ser juzgados con la mirada matadora que les lanzan?. Vamos a poner un ejemplo: yo escribo sobre la maternidad y todos ustedes que me leen cada semana piensan:
A) Que soy una excelente madre y que mis hijos son unos niños ejemplares
B) Seguro ni atiende bien a sus hijos por estar sentada frente a su computadora y sus redes sociales; y todavía se digna a dar consejos de maternidad, que sínica.
C) Es fácil de digerir su columna, pero en mi realidad es diferente.

Esto es sencillo queridísimos lectores, ninguna de las anteriores, porque yo no llegué a esta página por ser considerada la mejor madre del planeta, ni porque mis hijos sean los mejores (tampoco lo peor, aclarando), escribo las letras que viajan de mi cerebro hasta la punta de mis dedos buscando salida, buscando ser leídas, si se comprenden o se identifican esta bien, sino no pasa nada.
Soy una mamá que escribe lo que piensa y piensa lo que dice y dice lo que hace y hace lo que le da su gana (ok no) hace lo que su corazón y razón creen que es lo correcto.
Y si, esta columna va para todos y para nadie, porque tengo que externarlo, ya me vieron así; y no crean que me siento mal, al contrario me dieron ganas de escribir lo siguiente:

No tienes miedo de escribir sobre maternidad y que al pasar los años tus hijos resulten ser otra cosa? No tienes miedo de escribir sobre como educar a los hijos y que a ti no te resulte?…
No, no tengo miedo, porque mi escrito de cada semana, no es sobre consejos de maternidad, porque cada que empiezo a escribir, no lo hago con la intensión de que lo lleven a cabo al pie de la letra mis palabras y las pongan en práctica con sus familias, porque mi intensión no es entrar en su hogar y ordenar la educación de sus hijos por medio de mis letras, sino todo lo contrario, mi intensión es adentrarme en temas de maternidad que me inquietan, que me intrigan, que me dan curiosidad de cómo los llevamos algunas madres y como los abordan otras, de temas que a algunas les da resultado ciertas formas de educar y a otras no nos funciona en lo mas mínimo.
Porque como lo escribí anteriormente, todas somos diferentes y así misma fue nuestra formación en casa y por consiguiente así estamos educando a nuestros hijos, tomando lo bueno de las enseñanzas de nuestros padres y desechando las malas, de lo que creemos correcto y porqué no, en ocasiones copiamos lo que vemos en otras mamis que si les funciona.

No tengo miedo de escribir sobre la maternidad, porque la estoy viviendo tan sabrosa, porque no es solo escribir y pensar que ya esta listo todo, que ya con esto que escribo garantizo que así serán mis hijos cuando sean adultos. No queridos lectores, desde que nacen tenemos la gran oportunidad de sembrar pequeñas semillas que van rellenas de nuestras acciones diarias, de nuestras convivencias diarias, de nuestros ejemplo, de amor,  de todo lo bueno que queramos que ellos posean, pero con el paso del tiempo como en cualquier siembra, lo que rodee a nuestros hijos también va a influir en su crecimiento, en su desarrollo y su forma de ser, por eso debemos estar  a su lado, regando las semillas, enderezando cada que quieran irse por otro lado, más si son situaciones que los perjudiquen.
Pero llegará un día en que no solo la educación que les dimos nosotros influya en sus decisiones o actitudes, también será su personalidad y mas importante todo lo experimentado lo vivido, lo que les funcione y lo que los frustre.

Tengo que confesarlo, lo que si me da miedo, es quedarme callada, quedarme quieta, ser indiferente a temas de maternidad que rondan mi mente y no externarlos aquí en mi espacio, en no sembrarlos en mis hijos, en no regarlos cada día o cada que pueda pero hacerlo, en quedarme en intensiones, en vivir pensando en que quiero que mis hijos sean mejores que los hijos de mis amistades o familiares, en forzarlos en ser algo que yo no logré, en forzarlos en ser alguien en quien yo no me convertí, en forzarlos vivir una vida que no les agrade; le tengo miedo a un futuro de recuerdos a medias, sin relevancia en sus vidas, sin anécdotas para contar a los nietos, miedo a ser la culpable  y no la responsable de una infancia feliz.

Lo escribí una vez y lo rescribo hoy, deseo que mañana mis hijos no sean los mejores del mundo, sino los mejores en su vida.

No le tengo miedo a la crítica, lo que no me gusta es que no sea constructiva.

 

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