parasuarchivo

 

En México es una creencia generalizada que la gripe, la viruela y la corrupción fueron traídas por los españoles, durante  la conquista.

Generaciones y generaciones  han vivido con la corrupción, como una segunda piel, como se vive cotidianamente con el cumplimiento de las funciones orgánicas del cuerpo humano. Porque ser poderoso y corrupto ha sido casi tan inevitable como respirar,comer.

La corrupción forma parte del decálogo oculto de todos los partidos políticos.
Por ello, ahora que vemos lo que pasa con Otto Pérez Molina, expresidente de Guatemala, que experimenta lo que se debe sentir durante las grandes turbulencias de la vida pintada de terror, al dormir en un palacio y despertar en una celda, soñamos con que esto pase también en México. FRANCISCO I. MADERO buscó la democracia y la encontró, pero no pudo con la corrupción. FOX, en fecha reciente, tampoco pudo.

¿NO TUVIERON TIEMPO o no tuvieron ganas?

¿o la corrupción formaba parte de sus espíritus?

LA CORRUPCIÓN ha dejado de ser un mal inevitable. Y también ha dejado de ser parte de las necesidades orgánicas de los políticos para convertirse en un delito de alta traición que afecta por igual a todos y a cada uno de los ciudadanos. En México, los niños crecieron, desde los años 30s, siglo pasado, aprendiendo que “el que no transa, no avanza”.

ESTA enfermedad social, PARECE, está sufriendo una curiosa transformación.

Antes la corrupción era un problema aislado, cuando alguien se aprovechaba de su poder mediante el abuso y el robo, tomando lo que no era suyo para llevárselo a su bolsillo, perjudicando así al pueblo entero.

Pero hoy es la causa directa, no sólo de la pérdida del impulso moral de un país(de nuestro Tamaulipas), la mala construcción de las carreteras, de la muerte por medicinas caducadas, de la mala enseñanza en las escuelas y de la incapacidad para salir del circuito de la pobreza estructural.

En Tamaulipas, Nuevo León, San Luis, Veracruz, la corrupción ya no es un delito individual, es de hecho un golpe de Estado contra la moral y los principios del pueblo.

Pero lo que hoy sorprende es el efecto contagioso del castigo indiscriminado que se exige a los corruptos.

Porque ahora la corrupción es el principio y el fin de millones de personas que nunca han salido de la pobreza extrema. Ahora se encuentra en los pilares que sepultaron a miles de ciudadanos en el sismo de 1985 en México, y el OTRO GRAN SISMO, el de producir 57 millones de pobres. Y está también en el hartazgo de un pueblo que vive en una democracia formal, donde hay mucha injusticia y muy pocas ganas de arreglar la brecha social.

Ese salto cualitativo, que delinea la diferencia entre la corrupción para los corruptos y la corrupción como delito de alta traición, resulta ser un fenómeno relativamente nuevo.

El problema más grave es que la lucha contra la corrupción no la hemos convertido en «la primavera social que proteste»…Dicen los panistas que si llegan a la gubernatura de Tamaulipas, ahora indefensa institucionalmente, todo cambiará… Depende del poder judicial, que ha estado siempre al servicio del CACIQUE GOBERNADOR en turno. Es decir, los jueces ganan las limosnas que les dan los parlamentarios al servicio del poder Ejecutivo.

Por eso ahora, el gran peligro está en que parece que empezamos a tener conciencia de que  ya  no QUEREMOS CORRUPCIÓN, deseamos la recuperación moral, se ignore que no sólo es un problema de castigo, sino que también es un problema de estructura legal para garantizar el aliento de la esperanza que anuncia primaveras, no será en un futuro la mejor forma de volver a poblar de gobernadores y alcaldes que hoy se burlan de todo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here