marianacornejoburbuja

Seamos sinceras, en mas de mil ocasiones hemos perdido la cordura, nos hemos enojado tanto que hasta nos sale humo por las orejas, casi aventamos fuego por la nariz cuando nuestros pequeños hijos hermosos tiran comida justo después de que trapeamos la casa; y que tal cuando voltean su cuarto al revés en tres movimientos, mientras a nosotras nos tomó un buen rato para dejar todo limpio y ordenado, nos encabritamos tanto que en ocasiones les gritamos como si hubieran hecho el peor de los crímenes.

gritos.-300x226Ni acordarnos de los momentos en los que estamos haciendo tareas con ellos, porque es un recital de puros gritos y sombrerazos; y todo porque no recuerdan la tabla del 3 y la del 4, la situación se vuelve frustrante porque los resultados de las divisiones no son correctas y ademas porque no traen un lápiz decente siendo que casi a diario les damos uno nuevo.
“Eres un burro, como no te vas a saber las tablas…”, “mira que feo lees, pareces de primero, que vergüenza, me das vergüenza…”, “Con tu hermano(a) jamás tuve estos problemas…”, “Eres tonto(a) o qué?…”, “Que inútil eres…”, “Eres estúpido(a)…”, “Ojalá no hubieras nacido…” (Ésta última es la peor).

Muchas de nosotras pensamos que al no pegarles a nuestros hijos, al no lastimarlos físicamente, ya estamos libres de culpa y que no cargarán nuestros hijos con frustraciones ni baja autoestima, porque pensamos que las palabras se las lleva el viento, que no tendrán ningún efecto en las mentes y en los sentimientos de nuestros pequeños; habemos muchas madres que pensamos que con gritos hirientes e insultos, nuestros hijos van a entender y enmendar sus errores. Pensamos también, que enojarse y hablarle con coraje es mejor que un gran golpe, pues no habrá cicatriz en su cuerpo que le recuerde ese desagradable momento.
Pues estamos en un error enorme, hay palabras que duelen mucho mas que una nalgada, hay gritos que golpean mas fuerte que una mano, hay mas cicatriz en el corazón de un niño al recordar ese mirada llena de coraje de su madre que en un pellizco. Aclaremos que no estamos a favor de los golpes, de maltratar físicamente a nuestros hijos, en eso jamás estaremos a favor.

Nuestros críos son pequeñas criaturas que nosotras estamos educando; si sabemos que acabamos de limpiar la casa y quieren beber agua, no les llenemos en vaso, si sabemos que en 5 minutos desordenan su habitación, hagamoslos responsables de recoger sus juguetes por lo menos; si sabemos que les cuesta aprenderse las tablas de multiplicar, sabemos que se les dificulta la lectura, que no son tan buenos con las manualidades a la hora de hacer una maqueta, vamos a tomarnos el tiempo para mejorar cada una de las situaciones que a ellos se les complica en estos momentos, nadie nace sabiendo, nadie.
Que no se nos olvide que son niños, que no se nos olvide que no son niños como los de antes, que ahorita así como son muy inteligentes, son muy sensibles, que la manera de formar y educar a nuestros hijos tiene cambios significativos y muy diferente a la que nuestros padres utilizaron con nosotros; que sólo serán niños por muy poco tiempo, pero su infancia la recordarán por muchísimos años.

mama limpiando juguetesEs verdad, hay que aceptarlo, saben nuestros hijos como sacarnos de nuestra zona de confort y sentarnos en el hormiguero, pasamos de cero a cien al momento de enojarnos por que no hace las cosas como nosotras queremos, pero analicemos las frases de enojo que les decimos a nuestros pequeños, tratemos, mas bien, evitemos frases que dejen feas marcas en su memoria, y mejor vamos a reprenderlos con frases donde sientan mas que coraje y castigo, que van a tener consecuencias de sus actos.

No somos madres perfectas, tomemos un respiro antes de que papalotee la lengua palabras de las que después nos tengamos que arrepentir, antes de que explote nuestra cabeza y escupamos fuego, pensemos lo que les vamos a decir.
La vida es difícil para nosotras, tenemos muchas cosas por hacer, muchos problemas y situaciones por resolver, ellos son solo niños que tomados de nuestras manos están creciendo, no saben, están aprendiendo; nosotras alguna vez tampoco supimos, justo como ahora, ellos no saben como actuar y nosotros tenemos que enseñarles, nosotras no sabemos ser madres pero tomadas de sus manitas estamos aprendiendo.
Somos humanos y si en algún momento se nos escapa una mala frase, pidamos perdón, no es malo pedir disculpas y menos si es para las personas que amamos.

Las palabras duelen mas que los golpes, si nosotras que somos adultas, que “distinguimos cuando nos quieren hacer daño”, nos duelen las palabras; ahora imaginemos a nuestros hijos que todavía no desarrollan esa habilidad de interpretar las palabras, las miradas, las acciones, que no saben cuando les decimos por su bien.
Es mejor un: “otra vez, repiteme la tabla del 4…”, Es mejor un: “yo sacudo, barro y trapeo y tu recoge tus juguetes…”, “te voy a servir poquita leche, si quieres mas me dices, porque la puedes derramar…”, “Lee otra vez, verás que te sale mejor…”.

Pasamos los primeros años de sus vidas muy entusiasmadas enseñandolos a caminar, hablar, agarrar el biberón, a sostenerse por si solos y cuando mas o menos lo consiguen, los reprendemos de muy mala manera, porque no lo hacen como nosotras quisiéramos; son niños y les falta mucho por aprender y nosotras somos madres y también nos falta pero muchísima paciencia para educar.
Ánimo y mucha paciencia.

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