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13_81_mordaza1Expresar las verdades que ocurren en un mundo de falsedades es algo difícil, mucho más hoy en día que con una advertencia se puede hacer callar cualquier voz. Ley mordaza es un término con el que los detractores de una ley la califican para criticar lo que perciben como la vulneración de libertades tales como la de expresión y de información. Voltaire comentaba “aunque no comparta tus ideas moriría por tus derechos de expresarlas” y aparentemente hay mucho que callar. ¿Qué pasa en México que de pronto se promulgan leyes que atentan contra las libertades más elementales, y que, por consiguiente, erosionan nuestra vida democrática? Es ahora Nuevo León, Chihuahua y Sinaloa quien está vetando las libertades expresadas por unos cuantos valientes que tienen en sus manos las plumas que revelan la terrible situación que se vive en nuestro país negando las iniciativas de leyes de las reformas legales. La legislación, aprobada hasta el momento por el Congreso del Estado de Sinaloa, establece que los periodistas no pueden generar información de manera directa en los sitios donde ésta se produzca: sólo transmitirán los boletines procedentes de la Procuraduría Estatal de Justicia. Inmediatamente sobrevino una reacción en varias ciudades de Sinaloa con el propósito de dar marcha atrás a la pretendida modificación legal. Hubo manifestaciones en Culiacán, Los Mochis, Guasave, Guamúchil y Mazatlán. A las expresiones de protesta encabezadas por los periodistas sinaloenses, se ha sumado el Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Raúl Plascencia, quien considera que la llamada ley mordaza atenta contra la Constitución y contraviene los instrumentos internaciones de protección a los derechos humanos. Para los periodistas, la nueva legislación coarta la libertad de expresión y el derecho a la información; constituye una regresión autoritaria. Es lógico que interpreten de esa manera los efectos de la ley mordaza, porque ésta “prohíbe a los periodistas el acceso a los lugares donde se cometan hechos delictivos, así como la toma de audio, video o fotografías a las personas involucradas en un evento delictivo, y el manejo de información relacionada con la seguridad pública o la procuración de justicia a menos que sea autorizada por el fiscal del estado”. Esta ley enuncia «los medios de comunicación tendrán acceso a la información de las investigaciones a través de los boletines de prensa que emita la unidad de acceso a la información pública y en ningún caso se podrá autorizar a los medios de comunicación el ingreso a los lugares de los hechos, la toma de audio, vídeo o fotografía a las personas involucradas en un evento delictivo, ni al manejo de información relacionada con la seguridad pública o la procuración de justicia». La ola de violencia embiste malévola y ni la Comisión Nacional de los Derechos Humanos o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tienen el valor de auxiliar este atropello y se escudan en comunicados exiguos donde halan de manera secundaria de lo que se vive en todo el Territorio Nacional.

La tangible realidad es que la prensa libre se ha acabado y en México, no es una especulación, es un hecho real que aplican autoridades de todos los niveles de gobierno y cuerpos policíacos y, quien se atreve a desafiar esta “medida”, sabe que pone en riesgo su vida o su integridad física. Por más que alcemos la voz para hablar sobre lo que se vive día a día, sobre las esquinas tomadas por los delincuentes que roban hasta nuestro petróleo y gasolina, por los altos niveles de secuestros que alteran a más de uno en Tamaulipas, por el irracional consumo de drogas en las escuelas de los niveles básicos, por todos los problemas que sabemos y que mantenemos como secretos a voces susurrados en las conversaciones de sobremesa de los tantos hogares matamorences donde nuestros explotados jefes de familia expresan su preocupación por el futuro de la sociedad. Y si, podemos hacer marchas y enfrentarnos incluso con armas y alzando aún más el grito de independencia y caminar a paso firme por las calles tomadas por el crimen organizado con estandartes de liberación pero no es suficiente porque mientras más demandemos por nuestros derechos el Gobierno buscara la manera de hacer callar nuestras bocas sedientas de voluntad. Gente con sangre de lucha en sus venas como Lydia Cacho, Carmen Aristegui, Maricarmen Benítez incluso nuestra editora Julia LeDuc quienes son mujeres, mexicanas, que buscan y que trabajan por una autonomía integral en todos los sentidos. No seamos victimas del miedo, ni de la mediocridad; no seamos víctimas de la dependencia y el terror de los chacales que han tomado nuestro pueblo, seamos los héroes anónimos que buscan vencer con energía las cadenas que atan la libertad de nuestras palabras.

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