original Siempre me he enorgullecido de ser una mujer de talle grande, tal vez porque no me interesa mucho el que un número defina o no la belleza, si no el ojo que la aprecie.

Uno o dos dígitos en mi pantalón, no muestran mi naturaleza; pero a veces te ves expuesto a situaciones que te lastiman. La verdad es que palabras como “la gorda” siempre van a doler como cualquier herida narcisista, supongo que para los delgados es igual, es una etiqueta con la que uno carga y hasta que deja el “qué dirán” social es cuando uno se libera de las ataduras de la báscula.

Les cuento que, como la gran mayoría de los mexicanos, tengo que cuidar mi salud en un Seguro Social y las enfermeras (quienes no están para nada delgadas) insisten en tomarte un peso y decirte “esa muy –haciendo hincapié en el muy- gorda” o “está muy pasada de peso” y eso creo que no le ayuda a ningún paciente en su salud emocional y fue lo que justo me sucedió esta semkatya-zharkova-1ana.

Más como siempre la madre internet me salvó y para aliviarme de este golpe a mi ego les comparto lo que me encontré. Siéntanse felices y aceptadas por su peso, por su número de talle, por su digito en la báscula… porque lo que verdaderamente las representa es su inteligencia y su valor emocional.

UPSOCL.- Hace un par de días mientras llevaba a cabo mi trabajo diario, me pidieron que grabara una entrevista. Por la prisa y demás actividades que en ese momento desempeñaba tuve que dejar mi teléfono grabando. Pasaron un par de horas antes de revisar audios y enviar información. Cuando por fin pude sentarme a depurar material de mi aparatejo me di cuenta de algo, eso que no deseas escuchar, eso que sabes, pero que cuando lo oyes en boca de otra persona sientes como una patada en el estómago. Así fue que, al revisar cada nota de audio grabada ese día pude percatarme de una que logró que me inspirara para escribir esto; en ella se alcanzaba a escuchar la conversación de dos personas, hablaban de temas diversos, de la ocasión y nada más, pero al buscar a la dueña de ese aparato (yo), lograron emitir ese adjetivo perverso y doloroso, que muchos de nosotros tratamos de evitar y a veces con singular alegría logramos batear y ponemos la etiqueta de “no me importa”.

– “¿De quién es ese teléfono?“- Se escuchó en la bocina, y le respondieron.

– “De Sol” – y después,

– “Ah sí, LA GORDA“-

No sé si mi vanidad fue herida, tal vez mi orgullo, pero de que sentí retumbar esa palabra en mi cabeza 10 mil veces, lo hizo; pensarán que estoy evadiendo mi

realidad y que no la acepto, pero no es así, yo sé que estoy GORDA y siempre lo he sido, pero lo que no he llegado a comprender es lo siguiente: ¿por qué usar esos adjetivos tan despectivos? Sin notarlo, todos utilizamos calificativos así para referirnos a otras personas, inconsciente o consciente emitimos esas palabras sin tomar en cuenta lo que pueda a llegar a sentir ese sujeto. En mi caso, desde que nací -dicen- fui “rellenita” (gorda no)- crecí con ese mismo aspecto, hasta hoy que tengo 30 años. Durante mucho tiempo fui el centro de burlas, apodos y demás palabras hirientes. Con mucha ayuda logré aceptar y sobreponerme ante ese hecho. Durante mis años de preparatoria y universidad nunca recibí un insulto respecto a mi físico, y ahora en mi vida laboral hasta hace un par de días volví a escuchar esa palabra “GORDA”.

Después de ese día le di vueltas a muchas cosas, intenté olvidar el incidente e incluso borrar el audio, pero no me atreví; estoy comenzando una etapa difícil y nueva, justo cumplí 30 años, muchas dudas, crisis existenciales han regresado a mi vida, esta es una de ellas. Tal vez es un mensaje de que debo arreglar algo, y no porque lo dijeron ellos, si no por mí misma y que tal vez es momento de tomar decisiones por el bien de él; ¡Sí! amo mi cuerpo tal y como es, sigo aprendido a quererlo con todas sus imperfecciones, cada centímetro de él es parte de un ser humano con miedos e inseguridades y que ha crecido enfrentando todo tipo de juicios, algunos malos y otros no tanto. Aun así he aprendido a recibirlos con sabiduría y madurez.

Hace poco leí en un artículo de una revista en línea, que decía así: “los gordos no tienen derecho al amor”, y pensé es lógico, los gordos vivimos o sobrevivimos en una realidad llena de estereotipos, superficialidades y sobretodo algunos de nosotros, sino que la mayoría nos han enseñado y dicho que una persona considerablemente gorda no merece amor, porque no se quiere a sí misma, no merece amor, porque no luce agradable, no merece amor, porque marianaes GORDA. Sinceramente, ¿es posible tener amor, cuando durante toda la vida nos han dicho que ser gorda o gordo es algo malo? ¡Lógico e ilógico!

Sí, soy “gorda”, pero no la gorda chistosa del grupo de amigas, ni la bonachona y a la que todos quieren como amiga, ni la que cuida bolsas cuando no la sacan a bailar, o la que cubre su cuerpo cuando va a la playa, no soy la gordibuena, y mucho menos la que se avergüenza de sus estrías y celulitis cuando hace el amor. Soy aquella que se arregla porque se siente bien, hermosa y linda, la gorda profesional con grandes metas y deseos de seguir creciendo, soy esa que sabe coquetear y dejar a los hombres babeando por ella, pero sobretodo soy la gorda que se respeta y ama a sí misma (aunque suene cliché) y a la que la vida la ha

enseñado a pisar fuerte, con determinación y dejar huella a pesar de sus kilos de más (aunque para algunos sea sólo la gorda).

 

P.D. ¡Ya borré el audio!

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