LaLey-de-Herodes

Rostros sonrientes. Miradas resplandecientes. Sonrisas deslumbrantes. Dopamina  tricolor en toda su expresión.

Este domingo, el priismo tamaulipeco celebró con entusiasmo el contundente triunfo obtenido en la pasada contienda electoral.

Y es que no se trata de cualquier cosa.

En plena era de la alternancia, Tamaulipas se refrendó como una entidad de mayoría priista. El número es contundente: 8 distritos ganados de 8 distritos disputados.

Obvio, la algarabía es justificable, pero… ¿Cuánto tiempo van a extender el festejo?

Creo que sería un error interpretar la numeralia electoral como un cheque en blanco a favor del partido en el gobierno.

Los índices de participación ciudadana no fueron, ni con mucho, medianamente decorosos.

El voto joven fue el gran ausente de la jornada electoral.

Y sí, ya conocemos el sobado argumento de que las elecciones intermedias «son frías», pero en términos reales, son igual de costosas y desgastantes que una elección concurrente.

Insisto, el festejo es válido y legítimo, pero no hay que sobredimensionar las cosas. Hay que barrer el confeti y las serpentinas y analizar la estrategia a desarrollar para la siguiente elección.

Después de la euforia del triunfo, debe darse espacio a la reflexión, pero sobre todo, a la autocrítica. El PRI recibió un nuevo voto de confianza del electorado, pero de ninguna manera debe interpretarse como un cheque en blanco en favor de los priistas que ocupan responsabilidades gubernamentales.

Mucho menos para quienes asumirán posiciones legislativas federales, ya sea por elección directa o por la vía plurinominal. La ciudadanía -ahí si, priistas y no priistas- estará vigilante de su actuación.

Otro factor a tomar en cuenta, es que en la siguiente elección local, en Tamaulipas  podrán participar candidatos independientes. La cercanía con Nuevo León cobrará especial relevancia en el ánimo de los electores locales, principalmente en la zona norte de la entidad.

Ojalá la clase política priista de Tamaulipas entienda que más que un cheque en blanco, la elección del pasado 7 de junio les extendió la oportunidad de demostrar que el PRI puede ser una fuerza política moderna, autocrítica  y respetuosa del resto de las expresiones ideológicas.

Porque el paquete del 8 de 8 implica la responsabilidad de haber recibido pleno control del tablero de mando en la entidad, con todo lo que ello implica.

Felicidades, pues, a los priistas de Tamaulipas, y a asimilar con claridad el mensaje enviado por los electores: el balón de las decisiones gubernamentales está en su cancha. Para bien o para mal. Ahora llega el momento de dar mejores resultados.

Al tiempo.

DE BOTEPRONTO: Revisando la mentada «Ley Ramiro Ramos», debemos decir que el Congreso de Tamaulipas se limitó a hacer su tarea, y que francamente lo pudo hacer mejor. La equidad de género, la fiscalización al gasto de partidos y candidatos y las candidaturas independientes son asignaturas cuya aplicación cae en el terreno de la obviedad; meten ruido temas como el porcentaje mínimo para la asignación de diputaciones plurinominales y la asignación de sueldos a los consejeros electorales.

La reforma política tamaulipeca se quedó corta en temas como la revocación de mandato, consulta pública e iniciativa popular, que forman parte de la vida cotidiana en las democracias modernas.

No se debe soslayar tampoco el hecho de que algunos diputados panistas (no la bancada en pleno, también hay que aclararlo), hayan decidido abandonar el pleno antes de la votación, porque más allá de los berrinches, una reforma política exitosa debe transitar por la vía del consenso.

No de a gratis a dicho paquete de reformas se le podría conocer como la «Ley Púas», ya que mientras se esperaba una reforma electoral de alto calado, nuestros diputados tamaulipecos se conformaron con aprobar «púas babosadas»…

Comentarios: miguelangelisidro@hotmail.com
Twitter: @miguelisidro

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