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Con esa reflexión me quedo después del escándalo que alcanza estos días a la Universidad Autónoma de Tamaulipas y a uno de sus catedráticos, Jesús Angel Ramírez, cuya trayectoria limpia y reconocida queda medianamente empañada tras exhibir a sus alumnos y bajas calificaciones en la red social Facebook.

Si, una sencilla publicación que una sencilla publicación, de seis párrafos, diez fotografías y una pregunta en torno a al figura del doctor Jesús Ángel Ramirez, catedrático de la clase de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Tamaulipas campus Matamoros, desató la polémica y una discusión que hasta la fecha continúa.

Y es que resulta que un grupo de alumnos de primer año junto a sus respectivos padres se insubordino por algunas prácticas de su mentor, y su manía de publicar en redes sociales, los exámenes,

calificaciones y hasta fotos de algunos estudiantes dormidos.

No se trata de una manía nueva en el Doctor Ramirez pues algunas de las publicaciones datan del 2016 y algunos de los que aparecen somnolientos en sus pupitres hoy se presentan como alumnos dedicados de los últimos años de una carrera tan sufrida como valiosa.

Lo que había parecido una práctica inofensiva del catedrático, formadora incluso de carácter para los futuros salvadores de vidas, resultó ominosa para nueva generación que hizo llegar su queja con las consecuentes pruebas a la redacción de lafronteradice.com, molestos por la sobre exposición en redes sociales como malos y flojos alumnos.

Tenían además una segunda queja contra su docente: el que Ramírez vendiera a cada estudiante un Manual de Anatomía elaborado por él mismo y con un precio de 600 pesos, que argumentaron, no todos los alumnos de nuevo ingreso podían pagar.

Las publicaciones del mismo doctor Ramírez daban constancia de los estudiantes de más bajo promedio, de los que no pusieron nombre al examen, de los que se durmieron en el suelo en plena clase, de los que babearon el pupitre. Cuando el doctor hizo click para subir esos contenidos, los hizo públicos y los hizo de todos. No tiene porque extrañarle ahora al catedrático que la información trascienda, lo alcance, y que así como hay quien lo aplaude, hay quien lo desapruebe.

Con el paso de las horas quedó claro el cariño y respeto de estudiantes actuales y ex alumnos, hoy médicos en ejercicio, que recuerdan a Ramirez incansable, al pie del cañón incluso sábados y domingos dando lo mejor de sí en una clase, la de Anatomía, que definen como una de las más difíciles y que solo se impartirá una vez en toda la carrera.

A la par de los comentarios públicos en la nota, se presentaron un diluvio de mensajes privados a la página, los editores, generales de mil batallas, empezaron a reportar desde sencillos insultos -“Amarillistas”- exigencias puntuales -“Queremos nombres de los alumnos que denunciaron”- y amenazas -“No saben lo que les espera”-.

En forma pausada comenzaron a contestarles a todos cuanto se pudieron. Se les informó que era una denuncia de alumnos y subida a redes, que la ley protege el no revelar la fuente y que no se trataba de nada personal contra el Doctor Ramírez, sino de una queja llana por su conducta poco ética de exhibir a sus alumnos en comportamientos poco dedicados, por no decir que flojos.

Ya para la medianoche los insultos subieron de tono y me extraño ver como médicos y doctoras de bata blanca y estetoscopio al cuello deseaban la muerte incluso a quienes formamos esta empresa periodística, porque  quizá lo que no entendieron en las múltiples respuestas que se les ofrecieron es que lafronteradice no tiene la culpa de los equívocos de su profesor, el Ramírez, que por cierto emitió un escueto comunicado a través de su  Facebook anunciando o que se separaba voluntariamente de la docencia “en virtud de una serie de injurias sobre mi persona emitidas en redes sociales por personas desconocidas” y que dejaba en manos de la casa de estudios la investigación en su contra para determinar si actuó bien o mal durante estos años de exhibir a sus estudiantes.

La separación de doctor avivó la discusión y las presiones a lafronteradice para que reveláramos el nombre de los quejosos. No se hizo. Condenaron, amagaron hasta ofrecieron dinero. Y menos lo hicimos.

Pues a diferencia del profesor Ramirez que en el laberinto de la enseñanza disminuyó su percepción de los que es la ética, de lo que está bien y está mal, de lo que es permisible, en nuestra redacción entendemos que la libertad de expresión debe ejercerse sin miedos, en beneficio de nuestros lectores y radioescuchas, y en la protección de aquellas fuentes, que por temor a represalias, nos pidan preservar su identidad.

Entiendo, a la sombra de 4 años de la fundación de lafronteradice.com y en la víspera del tercer aniversario de Radio Frontera, que no a todos les gusten nuestros contenidos, que les parezcan amarillistas-tendenciosos-asquerosos-alarmistas-piteros- y mas,  pero desde acá de la mesa de redacción, sostengo que la verdad es lo importante, nuestra premisa, nuestro objetivo de cada día, y si eso representa para la comunidad médica que admira a Ramirez, que lo defiende a capa y espada sin considerar las dos caras de la moneda, un motivo de encono hacia lafronteradice.com pues como dicen: Odienos más, pero vámonos respetando. Es cuanto.

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