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De los 65 periodistas asesinados en el mundo durante el 2017, un total de 12 eran mexicanos, entre ellos los queridos Mirosalva Breach y Javier Valdez, corresponsales como yo de ese gran periódico que es La Jornada.

No por nada, la agrupación Reporteros Sin Frontera, etiqueto a México como el país más peligroso para ejercer el periodismo, por encima de naciones como Irak y Siria, desangradas por la guerra.

Miroslava, Javier, Ricardo, Cecilio, Maximino, Salvador, Edwin, Jonathan, Luciano, Candido,  Edgar y Gumaro, son los nombres de los compañeros que cayeron abatidos, algunos a golpes, otros a balazos, pero todos alcanzados por una violencia infame que tiende a repetirse, como quedo de manifiesto ya en este 2018 cuando en Nuevo Laredo, el periodista independiente Carlos Dominguez recibió 21 puñaladas en hechos no esclarecidos por la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas.

Hasta el momento el colega Agustín Silva de Oaxaca sigue desaparecido.

La violencia contra nuestro gremio no es cosa de juegos ni de burlas, venga de quien venga resulta inadmisible, por eso considero fuera de lugar los comentarios que el priísta Juan Carlos Olvera hace en sus redes sociales de mi persona, asegurando que fui rapada por “la maña” y que ahora uso peluca tipo “Estructure”, según consigna en su perfil de Facebook la mañana de este jueves, a donde se dio el trabajo de subir una captura de pantalla del programa que transmito de lunes a viernes en la estación La Raza en el 1060 de amplitud modulada.  Aquí les comparto la imagen:

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Con puntualidad, en esa misma publicación, que espero Juan Carlos sostenga como hombre y no la borre,  y aquí en lafronteradice.com, me permito las siguientes observaciones:

En el 2004, hace 14 años, fue víctima de una agresión cuando me desplazaba en mi vehículo en la calle Catorce: cuatro hombres chocaron mi viejo Geo Metro y bajaron de una camioneta Explorer para agredirme, amenazaron con raparme si, pero no lo hicieron, la oportuna intervención de vecinos impidió que me hicieran daño, en hechos que denuncie ante la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas y ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

El caso, como otros más quedo en la impunidad.

A mi casa editora de entonces, el periódico Contacto, se realizaron llamadas asegurando que el empresario Julio Almanza Armas había ordenado el ataque. A razón de que? no lo se, pero no sería la primera vez que el hijo de Don Carlos se viera involucrado en ataques a los medios de comunicación, en su juventud fue fichado por disparar contra el periódico El Imparcial, y he conocido de casos donde amenaza incluso a directores de noticias con desterrarlos de Matamoros.

Valga la aclaración a Juan Carlos y a otros que quieran hacer mofa de los ataques que sufre el periodismo, no esta el horno para bollos, quienes lo ejercemos tenemos que defendernos, levantar la voz, señalar a los que nos agreden con nombres y apellidos, el callar significa consentir, y México no esta para eso.

Sin embargo, dos cosas agradezco al desaforado Juan Carlos, tan despreciado por su propio partido, un PRI que ni trabajo le da, hecho que lo lleva a andar mendigando para comprarse un café: el que a propósito de sus desvaríos  me haya regresado al teclado para el primer Dímelo en la Calle del 2018 y además que aprecie mi característico corte de cabello, que, a las pruebas me remito, no es peluca.

 

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