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Frente a una taza de café los dos, le solté la pregunta a boca de jarro: si ya como diputado federal, habría de buscar ser candidato a la Presidencia Municipal de Matamoros, una obsesión muy suya desde hacía, por lo menos, diez años atrás:

“No licenciada, como cree, si recién me voy sentando en este puesto, y tengo muchas cosas que hacer por delante dada la responsabilidad que los matamorenses me confirieron, no tengo tiempo ni ganas para pensar en algo así”.

Eran finales de septiembre del 2015 y Jesús de la Garza Díaz del Guante, Chuchín, llego a la cita en Mi Pueblito todavía con el uniforme de campaña: camisa verde a cuadros pequeñísimos y el reloj del mismo color y corte juvenil con el que sus asesores pensaron dotarlo de frescura en la campaña cerrada que tuvo contra Ramiro Salazar Rodríguez, y en la que el panista –haiga sido como haiga sido, diría  el ex presidente Felipe Calderón- salió bailando con la más fea.

Ya tenía varias semanas despachando en el Congreso de la Unión y a Jesús de la Garza le preocupaban algunos comentarios, que su servidora, había hecho de las deficiencias en su oficina de gestoría a cargo de un tal Oscar Macario,  y pidió tomarse un café que al final de convirtió en almuerzo en el feudo de Poncho Cardenas.

Muy cerca de la barra de los tequilas, Chuchín me juró y perjuró que no habría de buscar la candidatura soñada, y de hecho no tenía razones para pensar en ello: cuando estaban claras las señales que el Gobierno de Tamaulipas daba a favor de su Secretaria de Desarrollo Económico y Turismo, Mónica González García.

Pero además, tras ese mismo hueso, andaba también el ex alcalde Alfonso Sánchez Garza, con su corazoncito latiendo por regresar a despachar al edificio de la calle Sexta y ni como ignorar la cantaleta de los Silva Santos, Erick y Héctor, del “Estamos listos”. Para seguir robando, pensé desde la primera vez que oí a los mellizos sinvergüenzas que ahora presumen estar en la lista de afectos de Baltazar y el propio Chuchín.  Y es que tal parece que el PRI no se puede quitar de encima a estas sanguijuelas de la política.

Todo pulcro el,  con sus modales de seminarista, el nuevo diputado me dio una amplia explicación de lo que haría en San Lazaro, se aventó el rezo del Puerto Matamoros del que es especialista desde su discreto paso por la API –Administración Portuaria Integral- donde se refugió en el 2013 cuando perdió las elecciones locales ante un casi desconocido Juan Patiño Cruz, hoy diputado local.

Cuando nos despedimos le deje tarea, la de atender a un pueblo necesitado, hacer más eficiente y humana su oficina de Gestoría, entender que en este Matamoros nuestros, hay gentes que se pasan el día con una sola comida. O incluso ni eso.

Fiel a su estilo administrado  -por no escribir miserable-  Jesús de la Garza Díaz del Guante, me prometió dar “algunas despensas”, con la condición que no lo dijera al aire:

“Porque luego van ir muchas personas”.

El mes pasado lo vi llegar al edificio del PRI, con el chaleco rojo que los Baltazaristas, han convertido en sello de campaña.

Atrás quedo aquel Chuchín de la camisa verde, que se quitó lo logos del PRI  el inicio de la campaña pasada en una acción muy criticada por los priístas de cepa y abolengo que lo acusaron de renegar de su partido.

Llega ahora el nuevo Jesús, el que posa para las fotografías con aire angelical, como a punto de elevarse al cielo.

Le reconozco que, sabedor de mi estilo, Chuchín, aguanto vara cuando ya enterada de que había pedido licencia en San Lazaro,  le solté la pulla en el edificio de la Quince y Diagonal.

–Oiga diputado, pidió permiso y ni aviso –le dije

“Si le avise a mi partido licenciada… y estoy listo para lo que se ofrezca”.

Ya se ofreció: apenas este fin de semana, recibió su constancia como candidato del PRI a la Presidencia Municipal de Matamoros y sus asesores y coordinadores punteados por Homar Zamorano Ayala andan a las carreras para armarle la campaña que le permita a Chuchín recuperar la alcaldía de Matamoros.

La tarea no será fácil, Chuchín tiene a favor tienen su fama de buena gente, en contra, todo lo demás: el paso lento, el discurso viejo, la danza de los medidores, la diputación aventada, todo en él tiene el tufo del viejo PRI, y si no le quiten esa peste, corre el riesgo de que le pase lo que hace dos campañas: perder ante un desconocido como lo es Joe Mariano Vega, que en la acera de enfrente, se alza como favorito para encabezar la formula panista.

Pero esa historia luego se las cuento mas despacia.

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