Estamos próximos al inicio de una nueva administración sexenal en México.

Y cómo cada seis años, el gobierno entrante se empeña en definir las prioridades del país. Y por supuesto ideas sobran.

Que si la inseguridad, que si la educación, que si el combate a la corrupción. Que si se construyen refinerías, carreteras, aeropuertos, que si vendemos el avión presidencial o compramos un tren bala… en fin, cada partido y personaje en el

Poder tiene sus personales proyectos y ocurrencias.

Existen muchas personas que consideran que el principal problema del México actual es la pobreza. Distintos estudios tanto oficiales como privados señalan que existen cerca de 60 millones de mexicanos en condiciones de pobreza, y que por lo menos una tercera parte de este porcentaje estaría catalogado en condiciones de “pobreza extrema”.

Las cifras pueden variar según la fuente y el contexto, pero la cruda realidad es que un importante sector de la población carece de acceso garantizado a los más elementales satisfactores en materia de alimentación, salud, alimentación, educación, servicios básicos y oportunidades de empleo.

En contraste, otros indicadores señalan que en el contexto macroeconómico, México sigue teniendo índices positivos en materia de crecimiento, comportamiento de su deuda externa y reservas internacionales, además de seguir siendo considerado como un país con importantes oportunidades para la inversión privada internacional.

Todo, por supuesto, dependiendo del cristal como se mire la realidad nacional.

Ésta contrastante panorámica de la condición socioeconómica del México del siglo XXI permite poner en perspectiva otro enfoque acerca de estos mismos indicadores. Una realidad que para algunos parecerá muy evidente y para otros chocante: que el problema central de nuestra nación tiene su origen en la desigualdad.

¿Cómo explicar que en el mismo país en el que una inmensa mayoría de sus habitantes, -según datos del Fondo Monetario Internacional- subsiste con menos de 5 dólares al día, también existan varios de los integrantes de la lista de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes?

Una buena oportunidad para tratar de entender este fenómeno, está en la más reciente entrega de la revista “Chilango”, que en una edición especial presenta los resultados de una amplia investigación académico-periodística sobre el problema de la desigualdad en la Ciudad de México.

El ejemplar, presentado bajo el título “No somos iguales: Especial de la desigualdad en la CDMX” es resultado de un largo proceso de investigación desarrollada por todo un equipo multidisciplinario, y aunque se circunscribe al espectro territorial de la capital del país y algunos municipios conurbados del Estado de México, bien puede representar un espejo de la realidad socioeconómica del país.

La investigación referida fue realizada por el equipo editorial de la revista Chilango que encabeza Juan Luis Rodríguez Pons, en alianza con Oxfam México, el departamento de Periodismo del Centro de Investigación y Desarrollo Económico (CIDE), además de la colaboración de Ingrid Bleynat y Paul Segal, integrantes del Departamento de Desarrollo Internacional de King’s College London.

Para efectos de este estudio, la población capitalina fue dividida en diez grupos de acuerdo a sus niveles de ingreso, ubicando en el decil 10 a las familias consideradas de clase alta, con ingresos fijos de 70 mil pesos mensuales o más, y en el decil 1 a las familias que subsisten con mil 500 pesos o menos por mes.

Los resultados son sumamente reveladores. Incluso, advertimos cómo la condición económica influye no sólo en la rutina diaria, sino hasta en los sueños y aspiraciones de los integrantes de cada segmento.

Como complemento a este trabajo de investigación, que se puede adquirir tanto en la edición impresa como digital de la revista Chilango, dicha casa editorial ha habilitado un micro sitio en internet, donde se pueden consultar distintos apartados de su investigación. La dirección web es: desigualdad.chilango.com

Huelga señalar que el grupo ubicado en la cúspide de esta pirámide es minoritario, y que por circunstancias obvias, su diaria convivencia con los sectores minoritarios ha impactado notablemente en el aspecto socio-geográfico de la Ciudad de México: amplias propiedades en fraccionamientos amurallados con extensas áreas verdes y lujosos centros comerciales para los pudientes; asfalto, tierra, hacinamiento, casas de cartón y madera en el segmento más pobre.

Por supuesto que la situación de la llamada clase media tampoco es sumamente alentadora: conforman en su mayoría esa gran masa de ciudadanos que deben desplazarse durante lapsos de hasta tres horas para llegar a sus respectivos trabajos, recibiendo ingresos que apenas alcanzan para subsistir.

Vale la pena acercarse a este revelador documento, y reflexionar por qué para muchos mexicanos, la economía informal e incluso la delincuencia siguen siendo prácticamente la única alternativa de subsistencia. Al final del dia, de acuerdo al mismo reporte, solo 2 de cada 100 mexicanos de los segmentos de menor ingreso tiene posibilidades reales de ascenso económico y social.

Demoledor.