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– ¿Cree usted que se le podrían olvidar las  llaves de la casa o del coche, los lentes, la bolsa,  pero no su teléfono celular?

– ¿Alguna vez a olvidado su  teléfono celular en casa u oficina y ha regresado por el, sin importarle cuán lejos se encuentre?

– ¿Manipula su teléfono celular en reuniones sociales, en el trabajo, en la casa o donde puede?

-¿Revisa periódicamente la pantalla, aunque no espere ninguna llamada?

-¿Se siente inseguro, vulnerable, aislado, irritable o  cuando sale sin su teléfono?

– ¿Cuando se encuentra  en un sitio donde no hay señal, el uso del celular esta restringido (cine, bancos, aviones,)  se siente ansioso, busca la manera de salir de ese lugar para revisar su teléfono?

¡Buen Día, Estimado lector! ¿Te has identificado con alguna de las preguntas anteriores?, si tu respuesta es afirmativa y sufres de solo pensar en que se te olvide tu celular, quedarte sin batería,  que se te extravié o peor aun qué te lo roben, déjame decirte que sufres de “nomofobia”: miedo irracional a olvidar o salir sin teléfono móvil y estar incomunicado. El término es una abreviatura de la expresión inglesa «no-mobile-phone” y aún  no esta considerada una patología psicológica.

 

Según investigaciones realizadas por el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), con sede en Buenos Aires y Madrid, reflejo que el 65% de las personas que usan celulares sufre esta alteración, como consecuencia padecen baja autoestima, ansiedad, irritabilidad, inseguridad, negación, sentimientos de culpa o dificultades de concentración. Adolescentes y  adultos jóvenes de entre 18 y 35 años presentaron mayor preocupación por perder su celular.

 

Las personas encuestadas expresaron que lo más relevante de olvidar el teléfono es la sensación catastrófica de temer lo peor y sentir que si no tienen el control de la comunicación, no pueden prevenir que algo dramático suceda. También el estudio reflejo que además de la ansiedad provocada por el olvido del celular, el trastorno “nomofóbico” puede ir acompañado de síntomas físicos como contracturas musculares por la tensión de los tendones (tendinitis) sudoración, temblores, taquicardia, pensamientos obsesivos y trastornos gastrointestinales como colitis nerviosa.

Antes el teléfono era fijo y estaba en casa,  servia para acortar distancias y estar en comunicación con los seres queridos, en la actualidad, ante la evolución de la tecnología, los teléfonos celulares desempeñan infinidad de funciones operativas además de comunicarnos, desde subir o enviar  fotos a las redes sociales, expresar nuestros pensamientos o inquietudes en 140 caracteres en twitter o “Whatsapear” con algún amigo, hoy en día es algo muy normal tanto en jóvenes como en los que no somos tan jóvenes.

 

¿Porque hemos permitido que el celular ocupe un lugar privilegiado en nuestro entorno?,  ¿Porque le hemos otorgado el poder de regir  y perturbar nuestra vida y nuestras relaciones?

¡Quizás por el miedo provocado por la inseguridad social en que vivimos! Quizás por que no soportamos la incertidumbre que nos provoca el no contestar cuando suena y quedarnos adivinando: ¿Quién seria?, ¿para que me querría?, ¿seria urgente, importante? ¿O bien porque lo vemos como una cajita de sorpresas cada que vez que timbra o vibra?… ¿y a quien no le gustan las sorpresas?

 

Pues bien es hora de reflexionar si giramos alrededor de nuestro teléfono o su existencia es factor influyente en nuestra vida, que tanto poder le hemos otorgado a un teléfono, ponernos a prueba y experimentar salir sin el.  La clave es aprender a controlarnos y desprendernos del teléfono móvil de forma gradual. Apaguémoslo  en los momentos de convivencia con la familia, los hijos, los amigos. ¡Apaga tu celular durante las tareas cotidianas, o bien  en este momento, que nada te distraiga y sigas disfrutando de la lectura de tu periódico digital “La Frontera dice” y de este hermoso día!

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